| En los medios de comunicación, a
los homosexuales sólo los están explotando. Atrás de fenómenos
como Queer as folk o de páginas como gay.com se
esconden más intereses comerciales que inquietudes activistas.
Los creadores de estos conceptos están muy lejos de fomentar
la diversidad sexual. Lo que están haciendo es aprovecharse de la
falta de contenidos homosexuales, transexuales y lésbicos para
atender a estos mercados y crear la fantasía de la igualdad y la
solidaridad. Nada más. Curiosamente, lo que menos tienen es
precisamente eso: igualdad y solidaridad.
Si se hiciera un análisis formal de los portales, los
programas y las publicaciones "gays", las conclusiones
serían desastrosas. La mayoría de éstos promueven la
discriminación y hasta la fragmentación de la comunidad
homosexual. Son producciones llenas de estereotipos. El homosexual
perfecto, por ejemplo, siempre es un tipo joven, blanco, guapo,
con cuerpo de gimnasio y actitud arrolladora.
En éstas no hay lugar para los hombres de más de 30 años,
para carnes flácidas, canas, calvicie, obesidad, piel negra,
morena o velluda, y si lo hay es en comunidades aparte. Los
homosexuales gordos y peludos del Distrito Federal no se mezclan
con los jóvenes lampiños y afeminados de Veracruz, quienes a su
vez rechazan a los mayores de 50 años, que suelen ser amigos de
los treintañeros que se juntan una vez al mes para tener
relaciones sadomasoquistas en ciertos bares y que, por otro lado,
son enemigos de los hombres que se visten de mujer.
Los jovencitos de 18 años de Monterrey no se juntan con los
portadores del VIH de Saltillo, los fetichistas de los pies se
sienten incómodos con los nudistas, los más bravos no soportan
la compañía de lesbianas y para acabar de complicar el cuadro
ellas también tienen sus divisiones.
La bandera "gay", otrora caracterizada por un arco
iris lo suficientemente amplio como para representar a la
diversidad sexual, ahora compite con la bandera de los
"osos", la de los "leathers" y la de muchos
otros grupos activistas o no activistas.
Hay que aclarar que en medio de esta ensalada no faltan las
comunidades virtuales que, disfrazadas de lista de correos, de
página porno, de chat o de grupo de amigos, fomentan bares
clandestinos, membresías anuales y orgías de
"cooperación" fija por entrada.
La mercadotecnia, lejos de favorecer la convivencia entre la
comunidad homosexual, la ha perjudicado al grado de que cualquier
"gay" del año 2002 ya no sólo debe luchar por sus
derechos frente a las leyes heterosexuales sino que además debe
aprender a defenderse de otros grupos homosexuales. Los medios de
comunicación han multiplicado la homofobia y han incrementado la
frustración de quienes se animan a declarar abiertamente sus
preferencias sexuales.
Un bisexual recién salido del "clóset" no sólo
debe aprender a circular en el mundo de los heterosexuales sino
que también debe encontrar la manera de defenderse de los
homosexuales que no comparten sus preferencias. Lo curioso es que,
tomando en cuenta el manejo de contenidos en series, telenovelas y
películas, en estos casos suele ser más complicado encontrar la
aceptación de los homosexuales de otros segmentos que de los
mismos heterosexuales.
Los miembros de los grupos religiosos de la comunidad gay no
ven con buenos ojos a los homosexuales que pertenecen a los clubes
de masturbadores, quienes a su vez le tienen miedo a los que
poseen VIH y que, por su parte, pueden estar o no estar en grupos
judíos, cristianos o de experimentación sexual. La única
aportación real de los medios de comunicación a este nuevo
cúmulo de comunidades creadas a partir de la igualdad o la
diferencia es que han favorecido el intercambio de miembros. Lo
demás es consumismo.
Los homosexuales constituyen un mercado privilegiado, pues a
diferencia de los heterosexuales, en teoría, no gastan en
maternidad, hijos ni en la crianza ni la educación de nadie. Todo
ese dinero se gasta en algo y es aquí donde escritores,
productores, fotógrafos, comerciantes y prestadores de servicios
están haciendo su agosto.
¿Cómo? Abriendo alternativas que antes no existían:
revistas, portales, películas, programas de radio, producciones
de televisión, exposiciones, tiendas, hoteles y agencias de
viajes para homosexuales.
Esto no significa que la comunidad gay esté ganando terreno en
su búsqueda de respeto y reconocimiento ni que los productores
heterosexuales le estén dando un lugar dentro de la población
civil sino, sencillamente, ya hay gente atendiendo sus necesidades
comerciales.
El problema comienza cuando los homosexuales idealizan lo que
ven y hacen una fiesta porque en alguna telenovela aparece algún
personaje que les gusta o porque se estrena una serie como Queer
as folk. El programa es el máximo ejemplo de lo que los
medios pueden hacer para sangrar el presupuesto de la comunidad
"gay". ¿Por qué? Porque lleva a la cúspide de la
adoración un concepto que si no fuera por la presencia de
homosexuales sería tan convencional como Beverly Hills 90210,
Central Park West o Melrose Place.
La versión de Queer as folk que se ha exhibido en
América Latina es la más comercial de todas, pues este proyecto
nació sin tanto afán de lucro hace varios años en Inglaterra.
El Queer as folk original era una serie negra de pocos
capítulos, donde se denunciaba la homofobia y se hacía un
retrato bastante oscuro de las comunidades "gay"
inglesas.
Los actores eran personas que podían pasar por gente común y
corriente, hombres feos a quienes les iba mal. Uno de ellos moría
durante un acostón ocasional. Sin embargo, Queer as folk
se convirtió en una miniserie de culto que trascendió las
transmisiones europeas y rápidamente fue comprada para su
adaptación en Estados Unidos.
¿Qué hicieron los nuevos escritores? Transformarla en fondo y
forma. Multiplicaron el número de capítulos, agregaron nuevos
personajes y edulcoraron muchas de las situaciones. El personaje
que moría en el original, en la versión estadounidense no sólo
se salva sino que se reencuentra con el asesino, se enamora de él
y lo rescata del mundo de las drogas y la prostitución.
Los actores estadounidenses no se ven tan naturales como los
ingleses, pecan de atractivos y coinciden totalmente con los
estereotipos comerciales de moda. No hay negros, morenos ni
latinos y los únicos extranjeros que salen, terminan
discriminados. El primero es un "gay" japonés que
aparece únicamente en un capítulo para demostrar la falta de
valores humanos de los orientales. El segundo es un francés que
sueña con la residencia oficial en Estados Unidos y contribuye a
pensar que nadie que no haya nacido allá tiene derecho a la
felicidad.
El Queer as folk estadounidense ya va por su segunda
temporada, lo cual garantiza su transmisión en América Latina a
través de HBO. Queer as folk ha dado origen a páginas
especializadas, a la grabación y distribución de discos, de
publicaciones, de artículos promocionales y a la venta directa de
la primera temporada en DVD y video VHS.
Curiosamente se ha evaluado muy poco su valor simbólico y a lo
más que se ha llegado ha sido a calificarla como la solución a
los problemas de los homosexuales en el mundo. ¿Qué puede hacer
una caja de DVDs por la integración de la comunidad homosexual al
resto del contexto social? Nada, pero los "gay" están
convencidos de todo lo contrario.
Ellos sienten que el país entero vio Queer as folk, que
los heterosexuales aprendieron a respetarlos por las cosas que
vieron en televisión y que a partir de ese punto su vida será
absolutamente diferente. En realidad, Queer as folk sólo
contribuyó a resaltar muchos de los vicios sociales existentes
como el culto a ciertos tipos de belleza y el desprecio a todo lo
que no forme parte de esos modelos.
Queer as folk, como serie que excluye a los heterosexuales,
es más homofóbica, parcial y partidista de lo que parece, es
contestarle a la sociedad con el mismo divisionismo del cual los
"gay" se han quejado desde que comenzaron a defender sus
derechos a finales de los años 60.
Queer as folk no informa de nada ni fomenta la
integración de las diferentes ramas de la comunidad homosexual.
Tan sólo el final de su primera temporada en Estados Unidos fue
un canto a la división y una invitación a pensar en la
extinción.
Cualquier televidente convencional, después de ver cómo
terminó cada uno de los personajes, lo menos que puede
interpretar es que vale más la vida en el "clóset", lo
clandestino y no tener derechos, que exponerse a la exclusión, a
perder la vida o a padecer problemas sentimentales por luchar por
una pareja de otra clase socioeconómica.
La conclusión de la primera temporada de Queer as folk
fue totalmente desesperanzadora y triste, un "así es la
vida", el conformismo llevado a la pantalla. De hecho, se
sabe que la mayoría de los actores de la serie son heterosexuales
y no guardan ninguna relación con las comunidades "gay"
de Estados Unidos. Es decir, sólo fueron a hacer su trabajo,
cobraron y desaparecieron.
No se ha difundido información sobre si los responsables del
proyecto en EU pretenden algo más que entretener; si tienen
algún compromiso social o si les interesa cooperar
económicamente a la causa "gay". ¿Entonces?
Tampoco se trata de caer en el extremo opuesto y pedir un
activismo de tiempo completo, tan anticuado como muchas
derivaciones del feminismo, pero sí insistir en que los medios
sólo están jugando con los sentimientos de los homosexuales y se
están aprovechando de sus excelentes perspectivas económicas.
Ninguna serie de televisión, película ni revista, por sí
misma, puede provocar un cambio de actitud en determinados
sectores sociales que rechazan a las personas que prefieren tener
relaciones sexuales con gente de su mismo sexo.
Pero una serie de televisión, una película y una revista sí
pueden reforzar la discriminación y la segmentación en una
comunidad vulnerable por la falta de alternativas reales para
intercambiar discursos, diversión y ayuda.
Las pruebas están en el aire, en producciones como Queer as
folk, en portales como gay.com y en la ausencia de
programas de radio como Medianoche en Babilonia, que alguna
vez condujera Tito Vasconcelos con el objetivo de informar,
entretener y establecer vínculos en diferentes direcciones.
¿Quién se quejó públicamente de la salida de esta emisión
de Radio Educación? Seguramente los mismos que hoy cantan como un
éxito social la transmisión de Queer as folk. Seguramente
ellos.
Alvaro Cueva es periodista. Colabora en Milenio
Diario y conduce el programa El Pozo, que se transmite
por CNI Canal 40.
FUENTE: MANO A MANO
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