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Me sorprendió mucho la referencia que la pintora guatemalteca
Rina Lazo hizo con respecto a la caracterización del icono
mexicano Frida Kahlo en la cinta que lleva su nombre. Lazo, quien
fue asistente de Diego Rivera a finales de la década de los 40 y
durante la mayor parte de la década de los 50, expone su disgusto
y niega el "lesbianismo" de Kahlo.
Definitivamente concuerdo con negar el lesbianismo de Kahlo, ya
que en la mayoría de los registros históricos se nos muestra
evidencia palpable de que cuando a Kahlo se le conocieron amantes
femeninas, ella estaba casada con Rivera. Al analizar su
orientación sexual, debemos de enfocarnos en que la historia y la
mayoría de las biografías mexicanas la pintan como una artista
bohemia y bisexual --no como lesbiana--.
La controversia que este celuloide ha causado en México por ésta
y muchas otras razones es comprensible. Sin embargo, aplaudo la
loable decisión de los guionistas al no omitir la veracidad de lo
que la pintora fue en vida.
El admitir esta clase de detalles se torna muchas veces en un reto
cultural, ya que nuestra historia nos muestra cómo la religión,
el machismo y otros elementos fuertemente arraigados en nuestra
cultura muchas veces cohíben a los medios de comunicación en
español de exponer temas relacionados con la comunidad lésbica,
gay, bisexual y transgénero (LGBT) fuera del marco
sensacionalista.
La carencia de imágenes veraces y las representaciones
estereotípicas de personajes LGBT en los medios informativos
constituyen uno de los pilares fundamentales de cómo esta
comunidad es percibida por la sociedad latina en general. Es
común observar imágenes de hombres gay extremadamente afeminados
y de mujeres lesbianas toscas y masculinas que se convierten en la
broma principal de programas televisivos. Tampoco es raro escuchar
insultos tales como "maricón" y "marimacha"
en dichos programas.
Por ende, es lógico afirmar que la magnitud de la influencia que
estos medios tienen en los televidentes y en los lectores
dictaminan muchas veces la formación de convicciones profundas.
En algunos casos, estas convicciones fortalecen conductas
homófobas y multiplican exponencialmente la idea de que esta
comunidad ofende a la moral y que su mera existencia es propio de
un "estilo de vida".
Sería interesante ver por televisión la historia de ese
adolescente expulsado de su hogar por sus propios padres por el
simple hecho de ser gay, y que ahora trabaja como mesero con el
único propósito de costearse sus estudios universitarios. O de
esa latina transgénero que trabaja en las calles proporcionando
información preventiva del VIH y el sida a pesar de los insultos
que recibe. Tal vez estas historias no tengan la picardía
sensacionalista proyectada en la mayoría de los programas de
comicidad en la televisión hispana, de lo que sí estoy
convencida es que cualquier reportero que informe al público
sobre historias como éstas estará cumpliendo su labor
periodística con objetividad.
La Alianza Gay y Lésbica Contra la Difamación (GLAAD), una
organización nacional que se dedica a promover representaciones
veraces y objetivas de las comunidades LGBT y de sus vidas en
todos los medios de comunicación, acaba de anunciar los nominados
para su evento anual de premiación. Este evento galardona a todos
aquellos reporteros, editores y productores que han cumplido su
labor al presentar imágenes veraces e inclusivas de esta
comunidad en sus fuentes periodísticas.
Entre los nominados se encuentra el diario La Opinión, por el
artículo Dos madres para un hogar, de Patricia A.
González-Portillo, acerca de una pareja lesbiana que adoptó a
cinco niños. El reportaje nos presenta a dos madres deseosas de
dar amor y comprensión a estos niños y el nivel de humanidad que
encontramos en estas mujeres. Otros nominados son Frida, Y tu
mamá también, El show de George López, Boulevard Resurrección
y la telenovela de Telemundo Daniela, por incluir el primer
personaje transgénero en una trama televisiva en una manera
positiva.
Considero que cuando se crean imágenes justas, podemos aprender a
respetar las diferencias que existen entre la gran diversidad de
personas que componen las telas de nuestra sociedad. Cuando estas
imágenes son inexistentes o perpetúan estereotipos o presentan
información distorsionada, esto produce la contaminación del
nivel de aceptación cultural y es entonces cuando las personas
LGBT se convierten en un blanco fácil del odio y la intolerancia.
Es por eso que las imágenes veraces aniquilan los estereotipos.
Estas imágenes también reafirman que todos, sin importar nuestra
orientación sexual, compartimos experiencias humanas parecidas y
son éstas las historias que, definitivamente, los medios de
comunicación tienen la obligación de divulgar.
Mónica Taher es supervisora de medios de
comunicación para la Alianza Gay y Lésbica Contra la Difamación
(GLAAD).
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