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Nota: A raíz del sonado caso de Alexandra Delgado, Amnistía
Internacional, Sección de Puerto Rico convoca a :
Visibles y Con Derechos
En Puerto Rico las personas transexuales
confrontan discrimen e invisibilización ejercida por muchos
sectores de la comunidad. La falta de servicios sensibles, las
intervenciones abusivas de la policía o la falta de acción ante
solicitud de protección, la invisibilidad en cuanto a identidad
jurídica, y el desconocimiento de la situación de estas/estos
ciudadanas/ciudadanos, son algunos de los muchos obstáculos que de
día en día deben confrontar las personas transexuales.
Preocupados/Preocupadas por esta situación
Amnistía Internacional, Sección de Puerto Rico convoca a una
manifestación el martes 26 de julio a las 5:30 PM frente al
Tribunal Supremo de Puerto Rico (frente al parque Sixto Escobar en
San Juan) a la manifestación Visibles y Con Derechos
Les esperamos a todos/todas el martes 26 de
julio a las 5:30 frente al Tribunal Supremo de Puerto Rico.

EL TRIBUNAL Supremo "erró" al denegar la petición de
Alexandra Delgado para que se le cambiara el sexo en su
certificado de nacimiento.
El abogado constitucionalista Antonio Fernós no sólo se refirió
al derecho de Delgado a la intimidad, garantizado en la
Constitución, sino a uno de los argumentos de la opinión
mayoritaria, escrita por Anabelle Rodríguez, de que la decisión
del Supremo en el caso Ex Parte Andino Torres (2000) no representa
un precedente porque fue una sentencia. En ese caso, prácticamente
idéntico al de Delgado, se permitió cambiar el sexo de hombre a
mujer en el certificado de nacimiento de Alexandra Andino Torres.
Delgado, de 34 años, se sometió a una operación de cambio de sexo
de hombre a mujer en mayo de 2003.
"Es una
decisión desafortunada porque perpetúa la ciudadanía de segunda
clase en la sociedad puertorriqueña. Es muy humillante y en este
caso podría ser muy peligroso"
"Lo peor es que el Tribunal Supremo contradice su propia
doctrina de adjudicación judicial de seguir lo que ellos
erróneamente llaman doctrina de precedente, que realmente es
sentencia normativa porque no siguen su propia decisión anterior",
explicó en entrevista desde Estados Unidos el profesor de Derecho
Constitucional de la Universidad Interamericana.
Fernós aseguró, como también lo establece el juez asociado
Jaime Fuster en su opinión disidente, que el Tribunal Supremo le
cogió miedo a la reacción de los sectores religiosos
fundamentalistas del país.
"No hay que ir a ninguna universidad para darse cuenta que es
una decisión producto de la falta de juridicidad y un evidente
temor a la crítica fanática religiosa. Esto es inaceptable en un
estado no confesional de derecho, pero lo vemos retratado de
cuerpo entero", dijo.
El director ejecutivo de la American Civil Liberties Union
(ACLU) en Puerto Rico, William Ramírez, coincidió, por separado,
con Fernós en que el Tribunal Supremo debió haber resuelto de
acuerdo con el caso anterior.
Al abogado le preocupa sobre todo cómo se afectará la
cotidianidad de Delgado. Sostuvo que el Tribunal Supremo la ha
obligado a ser una "ciudadana de segunda clase". "Es una decisión
desafortunada porque perpetúa la ciudadanía de segunda clase en la
sociedad puertorriqueña. Es muy humillante y en este caso podría
ser muy peligroso. El argumento de que los cromosomas son los que
definen el sexo es como un castigo. Hay un hecho real: esta
persona se hizo esa operación y hoy es una mujer y te encuentras
con un problema jurídico que tiene que ser resuelto", señaló.
Ramírez criticó la interpretación "rígida", también señalado
por la jueza asociada Liana Fiol Matta en su opinión disidente, de
la Ley del Registro Demográfico que data de 1931 y no ha sido
enmendada. Subrayó que en la decisión se citan las opiniones de
tratadistas españoles sobre la Ley de Registro Civil de España,
pero no se establece que en España "se ha aceptado registrar el
cambio de transexuales en su actas de nacimiento".
Cómo se hizo en
el caso anterior
El director del Registro Demográfico, Nicolás Fernández,
explicó que en el caso de Andino Torres se tachó la referencia a
su sexo masculino y se añadió el femenino. Precisó que en el acta
original aparece el cambio con la tachadura, pero en la copia
certificada que se expide está el cambio completo.
Éste es el mismo procedimiento que se sigue para otros cambios
en el certificado de nacimiento, como de nombre y fecha. Pero, en
el cambio de apellidos cuando la persona es adoptada legalmente,
se guarda el acta original con las resoluciones del tribunal en un
sobre lacrado. Resalta que en este caso específico el certificado
de nacimiento tampoco refleja la situación exacta de la persona
cuando nació.
"Nosotros estamos aquí para ejecutar las leyes y no para
interpretarlas, para eso está la Rama Judicial. En el certificado
de nacimiento partimos de una presencia, un nacimiento, una
defunción, es un hecho vital y lo que aparece ahí es un hecho y
eso es lo que entiendo está en esta decisión. En el cambio de sexo
genéticamente no hay un cambio, sólo externamente, en el físico",
opinó Fernández.
El caso de Alexis a Alexandra
Alexis Delgado Hernández, de 34 años, se sometió a una
operación de cambio de sexo en Colorado en mayo de 2003 y fue al
tribunal para que el sexo en su certificado de nacimiento fuera
cambiado a femenino y su nombre de Alexis a Alexandra. Como el
Departamento de Justicia nunca respondió a la solicitud de
expresión que le hizo el tribunal, éste emitió una resolución
ordenándole al Registro Demográfico que realizara los cambios
solicitados. Delgado solicitó también que se hiciera un cambio
similar en su licencia de conducir.
Después de todo esto, el Fiscal de Distrito "despertó" y
solicitó al Tribunal de Apelaciones que dejara sin efecto la
resolución, lo que ese foro procedió a hacer. Delgado Hernández
acudió entonces al Tribunal Supremo.
La opinión de la mayoría
En representación de la mayoría, la jueza asociada Anabelle
Rodríguez primero decidió que el caso no iba a contar con una
sentencia como la que el Supremo emitió en el 2000. En ese caso,
Ex Parte Andino Torres, se permitió que un transexual obtuviera un
cambio de la clasificación de sexo de su certificado de nacimiento.
Luego, Rodríguez decidió que el concepto "sexo" recogido en el
certificado es el biológico y no el social o psicológico que entra
en juego cuando una persona decide someterse a una operación de
cambio de sexo. Añadió que la ley del Registro Demográfico es
específica sobre cuándo se van a alterar los certificados y que el
caso de Delgado no cae en esa enumeración. Señaló que serían los
legisladores los que tendrían que cambiar la ley para admitir la
alteración solicitada.
Los jueces disidentes
El juez asociado Jaime Fuster Berlingeri sostuvo que al
caso de Delgado se le debió aplicar el peso de la sentencia en el
caso de Andino para permitirle el cambio y acusó que la mayoría no
lo hizo por temor a los sectores fundamentalistas del país. "Aquella
decisión fue criticada severamente por algunos sectores religiosos
del país y así pagamos el precio que tiene ejercer nuestra
fundamental misión judicial con verticalidad. Pero este foro no
puede amilanarse por mor de esa crítica", subrayó.
La jueza asociada Liana Fiol Matta acusó a la mayoría de
ser "excesivamente rígida" en la interpretación de la ley, y adujo
que esa visión pudo haber conllevado la violación de los derechos
a la dignidad, intimidad e igualdad ante la ley de quien llamó "la
peticionaria". La jueza rebatió el razonamiento de la mayoría
diciendo que el sexo se pone en el certificado por observación
externa de la genitalia del recién nacido, no por ningún examen
biológico y que, por ese mismo criterio, ya Delgado es mujer, no
hombre.
"Nos sorprende que la (mayoría) reconozca que quienes 'han
decidido someterse a una operación de reasignación de sexo son
personas que han tomado medidas extraordinarias en su ardiente
deseo de vivir una vida ordinaria' y, sin embargo, no les permita
vivir esa vida ordinaria, que no es otra cosa que una vida donde
les garanticemos su intimidad y dignidad como seres humanos".
Lucha por enterrar al hombre que fue
RECUERDA sentirse como una niña desde siempre. Una niña en el
cuerpo de un niño. Nunca olvidará ese día lejano cuando tenía
cinco años y le dijo a su mamá, con inocencia, que era una niña.
Este comentario podría parecer absolutamente natural para algunos,
pero en aquel momento esa niña era un varón que se llamaba Alexis.
Se supone que le gustara hacer lo mismo que a sus amiguitos de
kindergarten. Pero él lo que quería era jugar con muñecas y estar
con otras nenas.
Hoy Alexis es Alexandra Delgado. Tiene 34 años y hace dos que
se sometió a una operación para cambiarse el sexo de hombre a
mujer. Ahora se siente "normal", con una vida "ordinaria". Siente
que su cuerpo finalmente responde a su mente y a sus emociones.
Hoy es feliz, está enamorada y quiere vivir de acuerdo con esa
normalidad.
Pero, esa vida normal ha sido amenazada abruptamente por la
avalancha de publicidad que ha recibido su caso desde que el
Tribunal Supremo de Puerto Rico decidió que en su acta de
nacimiento debe permanecer que su sexo es masculino, aunque su
nombre puede cambiar de Alexis a Alexandra. Siente que está "a
merced de un tribunal retrógrado" y de un sistema de justicia que
la ha "anulado".
Es que Alexandra ansía, casi con desesperación, esa normalidad
que muchos toman por sentada. Ella siempre se sintió diferente,
rara, "anormal". Quiere olvidar el hombre que fue y ser lo que es
ahora: una mujer. Y así quiere que conste en su certificado de
nacimiento en su licencia de conducir, para ser como todos los
demás. Porque ella asegura que siempre ha sido una mujer, sólo que
nació en el cuerpo equivocado.
–¿Cómo fue tu adolescencia? Esos años tan difíciles.
–No fue fácil, por el discrimen, por lo mismo que tengo miedo
ahora. Miraba a los muchachos y me sentía mal. Me hubiera
encantado tener una adolescencia normal... Perdí mi nombre, lo que
me decían era la palabra obscena 'pato'.
–¿Tuviste alguna relación sentimental durante esos años?
–Si te refieres a un relación homosexual, nunca la he tenido.
Mis relaciones han sido después de la cirugía. Yo era
completamente asexual... A mi los hombres gay no me gustan, por
más varones que se vean.
Alexandra viene de una familia unida. Sus padres todavía están
juntos y tiene cinco hermanos. Aunque se les hizo difícil al
principio, sus padres la han apoyado. Dice que su madre es su
confidente y su mejor amiga. De hecho, a la primera persona a
quien le confió que quería hacerse la operación fue a su mamá. De
eso hace diez años.
"Cuando nací nunca me hicieron un examen cromosomático ni un
examen hormonal, sino visual... Es bien fuerte mirarte en el
espejo y no reconocerte y preguntarte: '¿por qué me siento así?',
¿por qué esa atracción hacia, en ese momento, mi mismo sexo? No es
fácil", cuestionó en un tono reflexivo.
–¿Qué significa para ti ser una mujer?
–Una mujer no es solamente tener pechos y una vagina, sino un
sinnúmero de cosas que hacen un todo: amor, comprensión, sabiduría,
honestidad. Y eso es lo que soy yo.
Hace diez años Alexandra le dijo a su mamá que estaba "harta"
de tener un cuerpo que no la representaba. Ahí comenzó, bajo el
cuidado de un médico de Filadelfia, un largo y complejo proceso de
terapias sicológicas y hormonales para convertirse en una mujer.
Se hizo una implantación de senos y su cuerpo fue cambiando.
El 23 de mayo de 2003 Alexis entró a las 6:00 de la mañana a la
sala de operaciones del Mt. San Rafael Hospital en Colorado. A la
1:00 de la tarde, Alexandra estaba en una habitación, sola, pero
feliz, porque ya tenía el cuerpo que soñaba tener desde pequeña.
–¿Dudaste en algún momento?
–Nunca. Le pedí a Dios que si esto era una perdición que no me
dejara salir viva de la operación.
Pasó nueve días en el hospital, tres en un hotel de Colorado y
luego regresó a Puerto Rico, donde la cuidaron familiares y
amistades. A las tres semanas ya estaba trabajando de nuevo.
–¿Cómo fue la primera vez que te miraste el cuerpo en el
espejo después de la operación?
–Cuando me miré dije: 'hello, bienvenida, por fin soy yo'.
"Fue sentir un desahogo, un despojo. Soy una mujer, lo que
siempre he querido ser. Tengo paz emocional porque eres finalmente
lo que siempre quisiste ser", narró Alexandra emocionada.
Pero, esa paz emocional, esa normalidad, esa vida ordinaria
como mujer ha sido perturbada por la vorágine legal de su caso.
Cuando regresó a Puerto Rico decidió que quería que su acta de
nacimiento y su licencia de conducir reflejaran su sexo, en otro
intento por llevar esa vida normal.
Pero, la reciente decisión del Tribunal Supremo –con opiniones
disidentes de Jaime Fuster y Liana Fiol–, negándole su petición le
ha arrancado su intimidad y convertido en centro de atención. Y
eso le preocupa, mucho, porque Alexandra asegura que nunca pensó
que esto le pasaría. Estaba segura de que el Supremo resolvería de
acuerdo con la sentencia del caso Ex Parte Andino Torres (2000),
en el que se permitió cambiar el sexo de un transexual en su
certificado de nacimiento.
"Por eso quise que se hiciera el cambio, para conseguir un
trabajo. Imagínate tú, ¿cómo voy a pedir trabajo con un
certificado de nacimiento que dice 'Alexandra Delgado, varón'? No
quería que el sistema de justicia me anulara y me están anulando.
Me han obligado a quedar en ridículo. No estoy pidiendo nada que
no crea justo para una persona normal que quiere vivir una vida
normal", subraya, ahora furiosa.
Alexandra, quien estuvo acompañada por su abogado José Luis
Velázquez Ruiz, afirmó que no inició esta batalla legal para
casarse, sino para sentirse "bien". Uno de los argumentos de la
decisión es que si se cambiaba su sexo en el acta de nacimiento
podría casarse con un hombre. El Código Civil de Puerto Rico sólo
permite el matrimonio entre hombre y mujer.
"No me cambié de sexo para casarme, sino para ser una persona
normal, como lo soy ahora. Les exhorto a los jueces que no piensen
que me voy a casar, sino que tienen la vida de un ser humano en
sus manos", dijo. Su abogado pedirá una reconsideración al
tribunal.
–¿Cómo te has sentido durante este proceso judicial?
–Bien doloroso, escabroso. Estamos en esto desde el 2003. La
decisión del Tribunal Supremo ha sido muy fuerte. Pero lo más
difícil ha sido que saliera mi nombre en todos los medios de
comunicación, porque pensé que esto sería confidencial.
A pesar de que era previsible que un caso tan polémico como el
suyo llegara en algún momento al plano público, Alexandra asegura
que nunca lo imaginó. Incluso, rechazó acercamientos de
organizaciones de derechos humanos que querían iniciar una campaña
a favor de su caso. Ahora tampoco quiere ser activista ni luchar
por los derechos de los transexuales. Quiere estar en su casa, con
su gente y ser una persona totalmente anónima.
Por eso se va a vivir a Estados Unidos, donde piensa que tendrá
más oportunidades. Con un bachillerato en Educación y una maestría
en Administración, graduada con promedios altos, Alexandra siente
que no puede hacer nada. Su acta de nacimiento le da "vergüenza".
Su pasado vuelve siempre para atormentarla. Tiene amistades que
saben que era un hombre, pero otras no.
–¿Crees que engañas a las personas a quienes no les has
dicho que antes eras un hombre?
–No, estoy protegiendo mi intimidad. La gente no sale con un
letrero a la calle que anuncia lo que hicieron en su pasado. Las
personas tienen derecho a vivir una vida normal. No es lógico que
le tenga que decir a todo el mundo que era un hombre, o un
transexual, porque ése es mi pasado y como pasado se queda.
Alexandra ya no quiere hablar más. Quiere regresar a su vida
normal, alejada de las preguntas, del protagonismo. Quiere pensar
que algún día podrá tener una familia y un compañero. Quiere ser
una mujer como cualquier otra.
"No me operé para hacerle daño a nadie. Yo sólo quería que mi
cuerpo y mi mente estuvieran en una misma línea", dijo al
despedirse.
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