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En
la centenaria trayectoria del cine norteamericano, hemos conocido
personajes de todas clases sociales, religiones, creencias,
culturas, países, colores, sentimientos, deseos y pensamientos.
Sin embargo, pocas veces hemos visto personajes homosexuales
reales en las tramas del cine comercial que nos llega desde la
meca cinematográfica de Hollywood. La mayoría de los personajes
que hemos visto, y seguimos viendo en los éxitos fílmicos del
presente, son versiones exageradas de estereotipos que encierran a
los homosexuales en cárceles de burla y dolor. Condenados por
estructuras sociales que fomentan la censura de estos temas, a
pesar de que existen dentro de una cultura donde vemos sangre por
galones casi a diario, son pocas las veces que hemos visto, en
películas dirigidas al público promedio que asiste a los cines
para entretenerse, algo tan sencillo y tan real como una muestra
de afecto entre personas del mismo sexo.
Aunque se puede trazar hasta el principio de la creación del cine
la presentación de escenas de tipo homoerótico, las verdaderas
interpretaciones de personajes de este tipo son mínimas aun hoy
día. Por lo que podemos ver en el cine comercial americano actual,
las pocas veces que reconocemos a personajes homosexuales en la
pantalla ha sido en su representación como amigos de la atractiva
protagonista en pequeños papeles secundarios -el delicioso
personaje de Rupert Everett en My Best Friend's Wedding es un gran
ejemplo de ello-, o como bufones que hacen reír la audiencia por
las interpretaciones exageradas y grotescas que fomentan la idea
vulgar que tiene la sociedad del comportamiento estereotípico de
los gays. Sin embargo esta presencia, aunque no sea la idónea, nos
demuestra que Hollywood está consciente de la existencia de los
homosexuales y reconoce, aunque de forma equivocada, su
participación activa en la sociedad actual. Aunque sea algo triste,
esta realidad ayuda a que la comunidad homosexual pueda dar pasos
hacia la aceptación y presentación justa como grupo social en los
medios de comunicación.
En principio, los fuertes códigos de censura establecidos durante
la primera mitad del siglo XX hicieron que los actores, directores,
guionistas y productores que tenían necesidad de expresar la
realidad del tema gay se valieran de diversas estrategias como
crear subtextos en las escenas para sugerir con sutileza una
situación identificada con el público gay. Las audiencias
homosexuales de estos tiempos de represión artística sentían que
estas imágenes les hablaban. Así, Hollywood aprendió a enviar
mensajes entre líneas a través de sus películas, y la audiencia
tuvo que aprender a leerlas.
Más adelante en los años sesenta y setenta, con la proliferación
del cine europeo en las pantallas de los teatros en Estados Unidos,
una cierta libertad comenzó a asomarse en las películas realizadas.
Ya los temas homosexuales se podían presentar, aunque siempre con
la salvedad de enfatizar en comportamientos rechazados u oscuros.
Los productores aseguraban que la audiencia estaba preparada para
enfrentar temas más adultos y estos tomaron el riesgo. No obstante,
en los años ochenta, la mayoría de los personajes presentados en
la pantalla grande eran victimas de odio y ridiculización.
Películas como Cruising, The Fan y Windows presentaron en sus
tramas a personajes que, en lugar de enfrentar su identidad
sexual, se convertían en victimarios que lastimaban a los que
amaban para no aceptarse a sí mismos.
La producción de los años ochenta que cambió la forma en que se
presentaba a los homosexuales en la pantalla lo fue Making Love,
protagonizada por Michael Ontkean y Harry Hamlin. En ella, se
representaba el conflicto que padecía un hombre casado cuando se
enfrentaba a la realidad de sus sentimientos hacia una persona de
su mismo sexo. Sin embargo, el futuro prometedor de las películas
homosexuales tomó un giro ambivalente: mientras la producción de
películas independientes comenzaba a realizar filmes que contaban
las historias de esta comunidad con mayor libertad, Hollywood
insistía en los viejos estereotipos de condenar y castigar a los
personajes por causa de su orientación sexual. Con la epidemia del
sida, el conflicto de la vida homosexual a través del cine
hollywoodense se concentró en presentar las historias de estas
personas y las consecuencias del virus. No obstante, el hecho de
que Philadelphia le ganara a Tom Hanks un premio Oscar
representando a un personaje que sufre el discrimen por su
enfermedad y la trágica vida que lleva al estar infectado, dio un
giro positivo a pesar de la triste representación de la realidad
gay en ese entonces. El propio Hanks identificó el éxito de la
película por la caracterización de un personaje que no es
amenazante para la audiencia.
Desde finales de los años noventa hasta el día de hoy, los
personajes homosexuales que llenan la pantalla grande juegan
papeles secundarios la mayor parte del tiempo. Las historias que
rodean a estos personajes muy pocas veces son románticas, pues
estos juegan a ser los amigos de los personajes principales. Sin
embargo, actores como Sir Ian McKellen -protagonista de la exitosa
serie de The Lord Of The Rings y X- Men-, actrices como Rosie
O'Donnell y Ellen DeGeneres, guionistas como Alan Ball (ganador
del Oscar por su película American Beauty) y directores como Brian
Singer y Pedro Almodóvar, son algunas de las personalidades de
Hollywood que abiertamente expresan su orientación sexual. Es
importante luchar para posicionarnos como el resto de los
ciudadanos en todos los ámbitos y así poder apagar esa quemazón
que llevamos en el alma de que en el cine, tanto como en la vida
real, se nos vea en igualdad frente a todos los seres humanos.
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